El trocito de cabeza que se queda sin lavar

El trocito de cabeza que se queda sin lavar

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Ayer fui a la peluquería. Me puse el tinte y me corté un poco las puntas. Mi momento preferido es siempre cuando me lavan el pelo. Adoro que me froten la cabeza con la máxima energía. A tope. Unos buenos restregones en el cuero cabelludo me dejan feliz y relajada. Pero jamás tengo suerte. Los peluqueros/as, supongo que por temor a fastidiar al cliente/a, lavan con manos de trapo. Aborrezco esas manos de bebé posadas sobre mi cabeza. Quiero un gorila furioso friccionándome la chola. A veces encuentro un ángel que me devuelve la esperanza y me hace recuperar la fe en el gremio peluqueril. Moja mi cabeza, vierte el champú y comienza a restregar con vigor. ¡Por fin! pienso, repantigada en el sillón. Más fuerte, más fuerte, sigo pensando,…
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