¡Disparad al trompetista!

¡Disparad al trompetista!

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Con este escueto título homenajeo al director de cine francés François Truffaut y al mismo tiempo formulo un deseo que abrigo desde hace bastantes meses: que un alma caritativa se cargue al vecino del quinto. Es un jovenzuelo que, a diario, practica con su instrumento. En el verbo “practicar” reside el meollo de la cuestión. No toca, el pobre diablo, practica. Es un aprendiz de trompetista que ignora - ¡el infeliz! -su verdadera condición de petardo integral. Está muy lejos del grupo de virtuosos que  nacen con la clave de sol como antojo en la cara. ¿Alguna vez dieron el coñazo a sus vecinos Miles Davis, Louis Armstrong o Dizzy Gillespie? Me resulta poco verosímil semejante escenario. Estos monstruos ya daban conciertos con los chupachups-silbato. Hemos subido tres veces a…
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