El indiscreto encanto de la vulgaridad

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Siento una fascinación rayana en lo enfermizo observando a la gente ordinaria. El mundo está lleno de ella, especialmente la ciudad donde habito, hervidero chabacano de chonis y canis de la más baja ralea. Así pues, a lo largo de un día me surgen muchas oportunidades de solazarme con este divertido pasatiempo mío. ¡Ojo, que he dicho OBSERVAR! Al estilo entomólogo, sin tener que ver nada absolutamente con ellos. Me encanta ir al mercado a comprar. No solo porque los productos son mucho mejores que los que podemos encontrar en cualquier supermercado, sino porque allí, entre los puestos, es posible encontrar insignes representantes del populacho más chocarrero y bajuno. Eso sí, para ir al mercado necesito un traductor (por lo  general, es mi marido quien intermedia entre las partes para…
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