Sin rechistar: la obediencia ciega del coche autónomo a su querida ama, que seré yo

cocheDesde que era chica he soñado con tener un coche autónomo. Un vehículo que conduzca él solito, siguiendo mis órdenes precisas. Yo, recostada cómodamente en el habitáculo, que sería redondo porque no me gustan los picos, me pasaría todo el trayecto leyendo un libro, escuchando música o mirando el paisaje. ¡Qué terrible atraso es eso de conducir! ¡Qué estrés, qué pérdida de tiempo y energía! ¡Y qué peligro! A merced siempre de nuestros propios fallos y, lo que es peor, de los de cualquier loco carioco que se nos cruce en el camino.coche

Quiero programar de antemano el recorrido a seguir en el ordenador de sus tripas, y que él, mi querido coche inteligente, me lleve al destino elegido sin ningún contratiempo. Ni siquiera me apetece dirigirlo con mi voz, porque eso seguiría obligándome a estar pendiente del viaje. ¡Y YO QUIERO DESENTENDERME TOTALMENTE, COMO SI FUERA EN UN  TREN O EN UN AVIÓN! Quiero lavarme las manos como Pilatos. No quiero saber nada de nada. Mi tiempo, para otros menesteres más placenteros y gratificantes.coche

Desperdiciar un buen rato de mi vida meneando (con suma dificultad) una palanca con la mano derecha, mientras clavo la izquierda en el volante hasta casi hacerle una muesca, de lo fuerte que lo agarro, no es algo que me apetezca. Me crea mucha ansiedad. No digamos el tronco, MI TRONCO. Este, sorteando la acepción maderera de que tiene la palabra, deviene en pieza granítica, tan rígida me quedo del espanto ante un posible choque. Un rejoneador podría picarme a sus anchas y yo no pestañearía.

cocheDe las extremidades inferiores, mejor no hablar. Con los tres malditos pedales de los coches no automáticos  la mecánica automovilística se carcajea de la anatomía humana. Embrague, freno y acelerador. El pie izquierdo para el embrague, hasta ahí, todo perfecto. ¿Qué ocurre con el derecho? Ha de estar en misa y repicando. Freno y acelerador. Imposible hacer bien al mismo tiempo dos acciones incompatibles. Me falta un pie para poder conducir de forma tradicional. No le puedo transmitir una orden adecuada a mi pie derecho. No siempre puedo decidir en una fracción de segundo si quiero frenar o acelerar. Piso, entonces, como una posesa matando una cucaracha, sobre el primer pedal que pillo. Por lo general, busco el freno, que me lleva a lo seguro: la detención de la marcha. Pero en este confuso marasmo no siempre le doy al correcto, y hay veces en que hago lo contrario. Este pisoteo histérico me ha puesto en serio peligro en bastantes ocasiones. No temáis, queridos lectores/as. La sensatez ha triunfado y hace años que la bici es mi único medio de transporte (por su carril apropiado, además de por la acera).

cocheSueño, pues, con ese día en el que pongan a la venta este robótico coche, a un precio no “desorbitado”. ¿Seré demasiado vieja cuando pueda, al fin, comprarlo? NO ME IMPORTA, ES LO DE MENOS. Como voy a ser longeva (porque como muchos huevos) pasaré mis años seniles viajando por esos mundos con total independencia.

 

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