Silencio y burbujas en mi monasterio

Así como escribir me encanta, podría pasar sin hablar el resto de mi vida. No hay nada que me guste más que estar en silencio. Cambio mi escasa visión por un completo mutismo. Tendría la excusa perfecta para no tener que despegar los labios. Ya me molesta hasta contestar al teléfono el día de mi cumpleaños. ¿He llegado a tal extremo que, quizás, me convenga consultar con un psiquiatra? Solo me gusta pensar, siempre para mis adentros, sin emitir ni un sonido. Ante este panorama la vida monástica se me antoja de lo más atractiva.silencio Me imagino en mi celda yo solita, meditando en silencio. Cama, mesa y sillón cómodo. Portátil y tableta con cascos. Colchoneta y ropa para practicar Pilates. Meditar, escribir y ejercicios de Pilates. No pido más. Solo permito la visita de mis parientes en primer grado de consanguinidad una vez a la semana.  De las visitas de parientes por grado de afinidad prescindo gustosamente. Diré a la monja tornera que no los deje pasar.silencio

Me encantaría tener telepatía. La comunicación mental me quitaría mucho estrés. Es tan directa e inmediata. De tu cabeza a la mía y viceversa. Sin mover ni un solo músculo. Cerradita la boca, la lengua quieta. ¡Ay, la felicidad es una enorme burbuja de silencio, una pompa gigantesca de jabón que se escapa volando contigo dentro!

Burbujas. Me encantan. ¡Cómo me hipnotiza mirar las pompas flotando! Añado esa otra actividad a mi horario en el monasterio. Claro que para fabricarlas tengo que dar con una fórmula adecuada, no vale mezclar el agua y el jabón al tuntún. Recordad que he de poder meterme yo, de cuerpo entero, dentro de la pompa. Soy menuda pero tengo claustrofobia. ¿Utilizo agua del grifo o mineral? Uf, qué dudas. Miraré por Internet.silencio

Y, por supuesto, tengo que seguir explotando las burbujas de plástico para envolver. Me llevaré varias cajas al monasterio y me esconderé donde no me oigan, un pliego todos los días. Curiosamente, el ruido que hacen las pequeñas bolsas de aire al apretar con los dedos no me molesta. A veces llego a un paroxismo furioso en el momento explotador y pisoteo frenética el plástico de embalar. silencioUn zapateado flamenco con garbo y gracejo: golpe, planta, tacón, golpe, planta, tacón. Lo malo es que hace ruido, un poco (aunque trate de llevar el ritmo). ¿Conseguiré una dispensa en el cenobio de monjas para poder realizar esta actividad catártica?

 

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