Pundonor… y lo que hay que tener

pundonorVergüenza. Eso es lo que hay que tener. La chulapa Susana, de “La Verbena de la Paloma”, lo dice claramente cuando su novio, Julián, le pregunta por Don Hilarión, un sujeto que, según ella, tiene vergüenza, pundonor y lo que  hay que tener. Es una verdadera lástima que muchos otros sujetos y “sujetas” (evitaré el sexismo en el lenguaje) como, por ejemplo, la exministra de Sanidad, Carmen Montón, la última en salir en las noticias, vivan ajenos al significado de esta castiza palabra: “pundonor”, el sentimiento que mueve a una persona a cuidar su prestigio y buena fama y a intentar quedar bien ante sí mismo y los demás. Pero quedar bien de forma auténtica, sin hipocresía, dejando a un lado artimañas y engañifas para allanarse el camino.pundonor

Creo que en España, y hablo de este país porque es el mío, donde nací y donde siempre he vivido de manera permanente, debemos de trabajar y hacer las cosas bien los cuatro gatos de la famosa zarzuela y yo: Don Hilarión, las dos chulapas, Casta y Susana, y el novio de esta última, Julián. Yo, como no soy de Madrid, ni tampoco mis padres ni mis abuelos, me excluyo de tal apodo.pundonor

No solo hay que tener muy poca vergüenza para plagiar un contenido ajeno y hacerlo propio en un Trabajo de Fin de Máster. También hay que ser muy tonto, como explica Forrest Gump: “tonto es el que hace tonterías”. ¿A quién con dos dedos de frente se le ocurre “copietear” de aquí, de allá y de acullá sin citar ninguna fuente? Dice la prensa que ha copiado “cachos” de tesis doctorales de otras personas, además de la Wikipedia. Se perfilan así, de manera más concreta, las aptitudes y actitudes de esta tía: no solo no tiene vergüenza ni pundonor. Es que no tiene lo que hay que tener cuando se te supone graduada en una disciplina, la que sea,  y además (supuestamente), has cursado un máster y estás en la antesala del doctorado (¡HORROR, NO, QUE NO LO HAGA!): ni puta idea de cómo realizar una búsqueda bibliográfica en condiciones por Internet.pundonor

Cada vez que los medios de comunicación (que de esos ya me ocuparé a fondo en otra entrada, porque hay que echarles de comer aparte) sacan a la luz los cadáveres enterrados de algunos de estos elementos y “elementas” se me llevan los demonios. Y siempre recuerdo los exámenes que hacía en la academia de inglés donde estudiaba de chica. Jamás nos separó el profesor, que era nativo, ni andaba como un halcón vigilando si mirábamos la hoja del compañero. pundonorEs más, podíamos tener los libros encima de nuestro pupitre, los cuadernos, el diccionario…El profesor daba por sentado, sin albergar duda alguna, que nadie de aquella clase iba a copiar las respuestas. Por muy pequeños que fuésemos o traviesos, o más o menos aplicados, holgazanes, ruidosos, callados, sociables, tímidos, reservados, simpáticos…para él, en un examen, todos teníamos pundonor. El amor propio que nace de dentro de la persona. pundonorLo que nos lleva a querer sinceramente hacer las cosas que hacemos todo lo bien que podamos, aunque nadie nos vigile. Especialmente cuando nadie nos vigila.

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