Nacer en un sitio pero sentirse de otro: el peligro de ser un “transgentilicio” desquiciado

transgentilicioNo me cabe la menor duda de que hay personas que sienten que el gentilicio que se les  ha asignado al nacer en un lugar geográfico determinado no coincide en absoluto con el lugar al del que, en su fuero interno, se sienten oriundos. Para estas personas he ideado el calificativo de “transgentilicios”.transgentilicio

Las personas “transgentilicias” conviven con el resto sin ningún problema, pasando, por lo general, desapercibidas para la mayoría de la gente. Solo los más perceptivos somos capaces de identificarlas cuando nos topamos con ellas. Mi  vecina de enfrente, por ejemplo, aunque de Fuenteovejuna, según su carné de identidad, lleva dentro de ella misma una auténtica veracruzana. Coincido con ella en el ascensor, cuando ambas sacamos los perros, vestida siempre con su traje jarocho blanco, de amplia falda cuajada de encajes, blusa sin  mangas y mantilla de tul con bordados. En el pequeño mandil, de terciopelo negro con flores, suele llevar el paquete de Marlboro. Para mí no se trata de una excéntrica, sino de una mujer transgentilicia. Usa su vestimenta para vivir según el gentilicio con el que, de verdad, se siente identificada.transgentilicio

Otras personas se atiborran de productos típicos de aquella región que anida escondida en lo más hondo de sus almas, descubriendo con estos deslices gastronómicos su secreta pertenencia a los ojos que saben ver. La directora de mi colegio, natural de Tomelloso, solo comía marmitako, incluso en el desayuno. Bajo el hábito de escolapia ciudadrealeña palpitaba un corazón del País Vasco.

transgentilicioSospecho, desde hace unos días, que tras la fatídica ola de incendios que está devastando Galicia, hay un grupo de furiosos transgentilicios desmandados. transgentilicioEs la intensa frustración que los domina por haber, quizás, nacido en Sevilla o Badajoz, pero sentirse por dentro valencianos de pura cepa. Siendo, pues, antorchas vivas, llevan el fuego en el cuerpo, y sus fachadas externas, de apariencia inofensiva, se ven de pronto compelidas a actuar como vándalos rabiosos. Espíritus falleros descontrolados que van prendiendo fuego a todo cuanto encuentran en su camino, sin respetar carne o materia. Ante tal funesto desajuste interno que tantos estragos causa, solo me queda rogar que, si me topo con alguno de estos peligrosos transgentilicios pasados de rosca, tenga yo la gran suerte de ser el “Ninot Indultat”.

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