Hiper-pulcro Ramoncín

RamoncínEsta mañana, mientras escuchaba el programa “Poniendo las calles” de “El Pulpo” habló Ramoncín. Bueno, Ramón, porque así se hace llamar ahora este pluriempleado de la farándula. Lo de pluriempleado va sin malas intenciones, habida cuenta de que no solo es cantante, sino también presentador, tertuliano, ha escrito algún libro…No entiendo el cambio de nombre. Ramón puede ser cualquiera. Ramoncín solo está él. ¡Cómo odio que los personajes públicos se cambien su nombre artístico! Bibi Andersen, para mí, siempre será Bibi Andersen, ¿qué es eso de Bibiana Fernández? No digamos ya Prince que, pasando olímpicamente del alfabeto latino, se autobautizó con el símbolo del amor. Para llamarlo, cuando vivía, hacía falta una pizarra portátil con el símbolo dibujado, más la bocina de Harpo Marx para atraer su atención.Ramoncín

Volviendo a Ramoncín. Hablaba en el programa de su nuevo disco, “Quemando el tiempo”. ¡Qué horror! Pusieron una de las canciones y creí morirme. Jamás me gustó su música, nada en absoluto, pero al menos, cuando yo era más joven, no daba un manotazo a la radio cuando sonaba litros- de- alcohol- corren-por- mis- venas. ¿Se puede llamar música a ese “rabiaero”? Pero quiero ser respetuosa con sus fans y con él mismo, al que no conozco como persona, de modo que no critico más su trabajo. Sobre gustos no hay nada escrito. Ramoncín

Todo el mundo tiene algo bueno, eso es innegable. Y Ramoncín, para mí, destaca, por encima de todo, por ser un Mr. Proper total. ¡Más limpio que una patena! Esta no es otra de mis ideas peregrinas con las que suelo obsesionarme habitualmente, en absoluto. Se trata de una deducción en toda regla basada en datos precisos. Hace años, cuando vivía en Madrid siendo estudiante, entré en una farmacia de Gran Vía. RamoncínEl mancebo atendía a una persona que estaba comprando delante de mí. Me fijé en su cazadora de cuero con flecos bajo los brazos. Luego miré su cara y reconocí a Ramoncín. Tardó un rato en terminar, pues se llevó media farmacia. Cien mil pesetas se dejó el gachó en productos de higiene personal: geles, lociones, cremas y potingues varios. No había sitio en el mostrador para tanto afeite. Yo, alucinada, observaba la escena desde una esquina de la farmacia, esperando mi turno para comprar Multidermol. Debía de ser cliente de la farmacia pues, con la confianza que otorga la asiduidad, dejó a deber las “pelas” de su compra generosa. Dijo al mancebo que la cargara en su cuenta. Elemental, querido Watson. No era la primera vez que acudía a esa farmacia. Ni tampoco, imagino, que arramplaba con todas las existencias. Aunque no lo recuerdo bien, creo que salió sin llevarse su arsenal. No hubiera podido, del peso. A los clientes fieles, que se dejan una pasta, les lleva el mancebo la compra a casa en la furgoneta.Ramoncín

Desde entonces, cada vez que sale Ramoncín en la tele o lo escucho por la radio o leo alguna noticia referente a su persona, no puedo menos que acordarme de aquel encuentro fortuito, y saco la cara por él cuando lo critican. ¡Tan galano y curioso, relimpio y escamondado! Realmente aborrezco sus discos, pero me sentaría a su lado, sin dudarlo un instante, en un autobús atestado de albañiles, sin aire acondicionado, a las cuatro de la tarde de un agosto andaluz.

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