Échale la culpa a Spielberg

tiburón
¡Los pelos como escarpias con solo ver este cartel!

De entre los muchos padecimientos mentales, traumas, fobias y compulsiones que me atormentan desde que era chica, dedico este primer post a mi trauma fundamental y primario, el que me tiene frita desde el año 1975, año en que vi tiburón y, desde entonces, no soy capaz ni de meter el dedo gordo del pie en el agua del mar. Es más, no bien he plantado la sombrilla en la arena (lejos de la orilla, por supuesto) que en mi cabeza ya está sonando esa música pavorosa https://www.youtube.com/watch?v=lV8i-pSVMaQ

Me pongo mala, se me nubla la vista y empiezo a sudar como un géiser (de mi hiperhidrosis histérica hablaré más adelante). No puedo parar de otear como una loca el horizonte en busca de la temida aleta. Estoy convencida de que, en algún momento, emergerá el gigantesco triángulo gris desde las profundidades submarinas y arrastrará con frenesí devorador, en un remolino de sangre y gritos, a cuanta indefensa criatura cace desprevenida la bestia. Si, para más inri, coincide  que en ese momento haya en el agua algún niño haciendo el ganso sobre un colchón AMARILLO, entonces me han dado el día. Me encierro en el coche y allí me quedo con mi tablet hasta que mi marido y mi hija se cansen de bucear.

Lo más sorprendente de esto es que, a pesar del terror que me causan los escualos, todos los veranos vea Tiburón (la original) y todas las secuelas subsiguientes, incluida Tiburón IV (aquí Ellen Brody, la esposa del Jefe Brody, es la que se carga al bicho. No contenta con el visionado de toda la saga, continúo con otras películas que versan también sobre tiburones asesinos (Deep Blue Sea, Bait y bodrios diversos hechos para la televisión como Sand Sharks). No me cabe duda de que también tengo algo de masoquista.

 

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